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Fue el primer Inca, Manco Capaq, quien edificó el primigenio templo; pero fue el noveno, Pachacuteq,
quien a partir de 1438 reconstruyó, agrandó, mejoró y modernizó el más importante complejo religioso
del extenso Incario.
Todos lo cronistas coinciden en manifestar que fue extraordinaria la calidad del edificio hecho con
andesita basáltica de coloración grisácea proveniente de las canteras de Waqoto y Rumiqolqa.
Es la máxima expresión de la arquitectura en la América pre-colombina.
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